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LA COMPETITIVIDAD DE UN PAIS.                                                  POR: Alberto Núñez Mendoza
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Editor: Alberto Núñez
Mendoza
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    Este es un extracto de las principales ideas sobre competitividad expuestas por el autor M.
    Porter en conferencias ante diferentes audiencias durante los últimos años.

    La competitividad a nivel nacional se ha convertido en una preocupación central para
    gobiernos e industrias en todos los países, pero no obstante la infinidad de discusiones y
    debates, aún no existe un consenso sobre el significado y definición del término.

    Algunas personas ven a la competitividad de un país como el resultado de:

  1. El entorno macroeconómico en el que se desenvuelven sus compañías e industrias, el cual
    se ve afectado por los niveles de las tasas de interés, tasas de cambio de la moneda y
    déficit gubernamental.
  2. La relativa abundancia y bajo costo de la mano de obra de la que se dispone.
  3. La abundancia de recursos naturales del país.
  4. El tipo de políticas gubernamentales del país en términos de protección a la industria
    nacional, promoción de las exportaciones y subsidios a determinados sectores como el
    financiero, automotriz, acerero, naval, etc..
  5. La diferencias en las prácticas gerenciales del país, incluyendo la forma en que se
    conducen y resuelven los conflictos obrero patronales.

    Como contestación a los anteriores planteamientos ¿Cómo podemos explicarnos el éxito
    de países con altos niveles competitivos que no cuentan con abundancia de recursos
    naturales, ni con mano de obra numerosa y con bajos salarios y que incluso han tenido
    importantes déficit presupuestales por años, como es el caso de Japón, Corea del Sur o
    Singapur?. Y aún más, ¿cómo explicar los casos de Alemania y Suiza?, donde por mucho
    tiempo sus monedas estuvieron claramente sobrevaluadas con respecto al dólar de
    Estados Unidos, o el caso de Italia, donde aún con políticas gubernamentales
    inconsistentes, se logró hacer florecer una importante industria de pequeños talleres
    dedicados a la exportación de calzado. Todos ellos, sin lugar a dudas, han disfrutado de
    beneficios económicos ascendentes.

    Como podemos ver es evidente que ninguna de las respuestas han sido suficientemente
    buenas para explicar, por sí mismas, cual es la base para que un país logre altos niveles
    de competitividad, aunque cada una de ellas cuenta con algunos elementos de verdad.

    Ahora bien, ¿que se debe entender por una nación competitiva?, ¿es aquella en la que la
    mayoría de sus compañías e industrias son competitivas?, o bien ¿son aquellas en la que
    el tipo de cambio de su moneda layuda a que sus productos puedan venderse a los
    precios más bajos en los mercados internacionales y disfrutan de una balanza comercial
    positiva?.

    De nuevo, si analizamos detenidamente las anteriores preguntas y las tratamos de
    contestar a la luz de las experiencias obtenidas por países considerados por la mayoría de
    la gente como los más competitivos en el escenario mundial, llegaremos a la conclusión de
    que la única explicación con sentido parte del concepto de Productividad, entendida como
    el resultado que obtiene un país al lograr altos niveles de eficiencia y eficacia en el uso de
    su capital humano (talento) y económico. La productividad bien entendida, debe reflejarse
    forzosamente en el nivel de vida a largo plazo de la población y debe ser el criterio
    fundamental para determinar la remuneración económica que reciben los habitantes y la
    tasa de retorno del capital utilizado en proyectos de inversión a largo plazo.

    Por lo tanto, cada nación busca mejorar su nivel de productividad día a día elevando la
    calidad de su sistema educativo que permita a sus habitantes diseñar y elaborar productos
    que cumplan estrictamente con las especificaciones demandadas por los clientes, mejoren
    la tecnología vertida en los productos desde su diseño hasta el servicio al cliente y eleven
    los niveles de eficiencia detectando las fallas en los procesos, y que les permita asimismo,
    desarrollar las nuevas capacidades necesarias para competir a nivel mundial en los cada
    vez más sofisticados segmentos industriales y nuevas industrias que se están formando en
    el mundo.

    El comercio exterior, la inversión extranjera y el turismo para arrojar resultados positivos
    deben traer beneficios a los países en lugar de dolores de cabeza, apoyándose en mejorar
    la productividad y especialización de las industrias y segmentos donde sus compañías
    sean competitivas e importando productos en aquellos donde sus compañías lo son
    menos. El comercio internacional y los flujos de inversión extranjera son benéficas porque
    ponen a prueba a la industria doméstica al enfrentarla a nuevos niveles de productividad
    internacional. En un principio, es recomendable cuidar la estabilidad financiera nacional, la
    cual puede verse amenazada en periodos de inquietud económica.

    Lograr un equilibrio o superávit en la balanza comercial puede ser inapropiado para una
    nación si sólo está basado en expandir las exportaciones en base a bajos salarios y una
    moneda débil, importando aquellos bienes de consumo que sus compañías no producen a
    niveles competitivos. Esta situación puede llegar a provocar desequilibrios financieros en el
    mediano y largo plazos, con la consecuente reducción de los niveles de vida de la
    población.

    El interés del gobiernos e industrias por lograr una mayor competitividad no debe centrarse
    simplemente en crear empleos sino, más bien, en crear empleos que tengan elevados
    requerimientos en términos de habilidades y conocimientos que propicien la elevación del
    poder adquisitivo de los trabajadores y una mayor prosperidad nacional.

    En resumen, las políticas nacionales enfocadas a elevar la competitividad deben ir más allá
    de buscar preferentemente las ventajas comparativas (recursos naturales, bajos salarios,
    políticas protectoras, etc.) y centrarse en lograr mayores ventajas competitivas que
    incluyan: mercados cuidadosamente segmentados, productos diferenciados, aplicación de
    nuevas tecnológicas y economías de escala. Esta teoría debe desarrollarse bajo la premisa
    de que la competencia tanto a nivel nacional como internacional es dinámica y evolutiva y,
    por lo tanto, es necesario que la nación vaya más allá de pensar solo en término de los
    costos inmediatos al cuidar las condiciones bajo las cuales sus empresas puedan
    desarrollar ventajas competitivas en base a la innovación y las características particulares
    de sus productos.
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